PASOLINI (2014), DE ABEL FERRARA

Abel Ferrara juega a ser -y estar en- Pasolini en su última película, estrenada en 2014, mientras Willem Dafoe, por su parte, vuelve a colaborar con Ferrara, que supone un paso más en la larguísima lista de directores más o menos independientes a cuyas órdenes ha trabajado: Wim Wenders, Werner Herzog, Scorsese, Oliver Stone y Lars von Trier son sólo algunos de ellos. La colaboración entre Ferrara y Dafoe me parece, sin embargo, fallida.

Willem Dafoe como Pasolini

La película queda lastrada, en primer lugar, por diálogos en dos y hasta tres idiomas, en los que actores italianos o en roles de italianos se ven obligados a acabar hablando en inglés porque el único que no entiende una palabra de italiano es, curiosamente, Pasolini, es decir, Dafoe. La confusión que produce el desconcierto idiomático es difícilmente subsanable. La película pierde credibilidad y encanto, a pesar de una interpretación ajustada de Dafoe, sin melodramas, que consigue acercar a Pasolini el tiempo en que se mantiene con la boca cerrada. La aparición estelar de María de Medeiros y el homenaje a Ninetto Davoli, actor fetiche del director de “Saló o los 120 días de Sodoma”, tampoco reparan la incomodidad. Ferrara intenta construir un montaje complejo, que intercala la vida de Pasolini con el desarrollo de su último guión: una parábola dentro de una parábola que interpretará Ninetto Davoli- pero no consigue transmitir la frescura que Pasolini sí dota a sus relatos.

Por lo general, Ferrara -y en esto se nota su procedencia estadounidense- se mueve en un terreno resbaladizo. Intenta presentarnos, a lo largo de los últimos días de vida de Pasolini, asesinado en extrañas circunstancias en Roma el 2 de noviembre de 1975, retazos de su pensamiento político, de su método creativo y su originalidad. Lo hace con una frialdad inquietante y una fotografía muy oscura, que juega, siguiendo de nuevo los pasos del maestro Pasolini, con interiores aparentemente sencillos y exteriores asfixiantes: en este sentido, cabe destacar que la mayor parte de los planos son primeros planos, y sí, esta sobreabundancia de primeros planos se hace pesada, aunque la frialdad y la fotografía hacen que la película sea entretenida, lejos de los cargantes biopics a los que estamos acostumbrados. Pero, como digo, resbala, malinterpreta de alguna forma a Pasolini, lo lleva a un terreno que no es el suyo: hay violencia y carnalidad, pero mientras Pasolini las filma como un antropológo que recoge el testimonio de un combate ritual o un rito de iniciación, en Ferrara son lúgubres. Esta oscuridad y gravedad sí está bien buscada en la brillante escena final, quizá lo mejor de la película, pero se echa en falta más humor, más luz, en el resto de la película, incluso en las escenas más violentas.

Ninetto Davoli como Epifanio

Por otra parte, la ambientación de la película es correcta, tanto en el guión -frases extraídas literalmente de entrevistas- como en los decorados y exteriores, con secuencias algo forzadas de Dafoe leyendo el periódico -como dije al principio, el espectador sabe desde el primer momento que no entiende nada del idioma italiano- o jugando al fútbol. Las conversaciones de Pasolini-Dafoe con Laura Betti-Medeiros y el encuentro con Ninetto Davoli-Riccardo Scamarcio (que participa con Ninetto Davoli -el auténtico- en la parábola) son bastante pobres, y la música, como la mezcla de idiomas de que hablé al principio, no acaba de encajar, por lo que no podemos hacernos bien a la idea de cómo trabajaba Pasolini, su dirección de actores. Por el contrario, la vida familiar del director italiano (su relación con su madre y su hermana) y su homosexualidad tienen el peso que merecen y ganan protagonismo en el filme con el paso de los minutos.

En definitiva, Ferrara juega a dos bandas: consigue mantener la atención del espectador gracias a un buen ritmo de montaje, un metraje de poco más de 80 minutos -lo que es de agradecer- y, sobre todo y obviamente, gracias al interés que despiertan de por sí la biografía y la filmografía de Pasolini. Pero fracasa al intentar evocar una violencia, una frialdad y una carnalidad que sólo Pasolini era capaz de plasmar en la pantalla sin resultar ni demasiado oscuro ni demasiado frívolo o superficial. Cuando esos excesos se manifiestan, el espectador descubre que Ferrara es sólo Ferrara, no Pasolini; que Dafoe es sólo Dafoe, no Pasolini.

Federico Ocaña

Pasolini en 1975, por Dino Pedriali

Pasolini. Italia, 2014.
Duración: 86 min.
Dirección y guión: Abel Ferrara
Producción: Capricci Films / Tarantula / Urania Pictures S.r.l.
Fotografía: Stefano Falivene
Reparto: Willem Dafoe, Ninetto Davoli, Riccardo Scamarcio, Valerio Mastandrea, Adriana Asti, Maria de Medeiros

Anuncios