Medio cine, de Alberto Blanco

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El poeta Javier Vicedo me dio a conocer a Alberto Blanco, poeta mexicano autor de más de 30 libros de poesía, ensayo y poética, becario de numerosas instituciones en Estados Unidos y México. En “Medio cine” Blanco se rebela contra la costumbre de que sean siempre los novelistas los que homenajeen al género y desde Kinosein nos gusta estar pendientes de estas rarezas poético-cinematográficas.

Lo primero que llama la atención del lector es el título, ese “medio” cine, quizá mitad de sala, quizá pedazo de pantalla arrancado en pleno visionado, que nos invita a pensar que el poema se la apropia, la hace suya, como si la poesía nos recordara que es ella quien la ocupa, al menos en parte. Por otra parte, es “medio” cine porque el cine es el medio -¿por qué no?- de la poesía. Una nueva forma de hacer poesía que consistiría en observar y recrear cuanto se observa. Blanco entiende así, desde el comienzo, que el cine debe ayudarnos a aprender a mirar, igual que nos ayudó la poesía. El cine es visto desde un lenguaje poético como un lenguaje poético más: cuando un poema habla de una película, habla ya de otro poema. Nos hemos acostumbrado a leer citas de poemas y canciones en el encabezamiento de otros poemas, como autoridades u homenajes, a citar también obras de teatro o fragmentos de novelas, pero es raro encontrar citas de películas. En este caso, Blanco explica en la nota introductoria que los cuarenta poemas del libro se inspiran directamente, “dialogan”, con cuarenta películas de sendos directores: “No se trata, pues, de poemas propiamente dedicados a estos creadores, ni de reproducciones escritas de sus cintas; se trata de vasos comunicantes, creaciones paralelas.”

Una_historia_verdadera

Un poema memorable dialoga con The Straight Story (Una historia verdadera) de Lynch

Junto a directores de vocación “lírica” como Tarkovsky, Visconti, Víctor Erice o Theo Angelopoulos aparecen maestros como Eisenstein, Kurosawa, Chaplin, John Ford, Billy Wilder, Orson Welles, Kubrick o Hitchcock, sin olvidar a los inclasificables Jean Cocteau, Luis Buñuel, Jean Luc Godard, Aki Kaurismäki y David Lynch, entre otros. Siguiendo la estela de cada autor, pero también la suya propia, Blanco emplea, según le conviene, la técnica del haiku, el poema visual, la imagen surrealista, el poema en prosa o la rima.

Tan solo una cosa:  en este libro apenas hay largo aliento. Únicamente el momento capturado, el instante tan bello que Fausto habría capturado en un fotograma o el tono general de una obra, su enseñanza -que no su moraleja- más allá de la pantalla, en la página. Lo que Alberto Blanco escribe en “Metrópolis”, un poema ligado a la obra maestra de Fritz Lang sobre la técnica, podría valer para el cine -que no deja de ser una técnica elevada un poco como hermana bastarda a la condición de arte: “Dan vueltas inexorables/ las manecillas en su laberinto/ como si en verdad quisieran/ contarnos toda la vida”.

MetropolisLang

El atractivo de la imagen movimiento o imagen tiempo, como querría Deleuze, queda capturado también en estos cuarenta delicados textos.

Medio cine (2014), de Alberto Blanco. Ediciones Sin Nombre y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México. 74 páginas.

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